Dieciochoavo Encuentro
Planeta Invernadero
Autor: Rafael Navarro de Castro
La novela que necesitábamos sobre (y para) un cambio de vida «Yo cuento el mundo a través de un personaje». Esta novela sucede a lo largo del año 2019 en el Poniente, un territorio costero cubierto de plásticos, donde Sara, ingeniera agrónoma madrileña, decide dar un giro a su vida antes de cumplir los cuarenta. Alrededor de su trabajo, sus conflictos, sus contradicciones, sus ganas de vivir y de gozar y sus decisiones, orbita todo un planeta de trabajadores en la sombra, economía desbocada, tecnologías comestibles, viejos agricultores que extrañan sus saberes ancestrales, jóvenes que le dan la espalda al futuro, y tomateras que crecen varios centímetros al día y dan frutos durante todo el año. Historias y personajes que le cambiarán al lector su forma de ver lo que consume y lo que come y lo que vive.
«Por más rabia que me dé tengo que reconocer que lleva en esto toda la razón. Es increíble la distancia que se abre entre nuestros actos y nuestros pensamientos. Tal vez esta sea la cuestión. Habría que buscar la forma de reconciliarlos».
Rafael Navarro de Castro
«La cantidad de energía que se necesita para conseguir que las plantas crezcan de esta forma tan artificial, de espaldas a la tierra, el clima y las condiciones naturales. La pantalla es como un espejo que me devuelve mi reflejo y no me veo nada guapa.»
Rafael Navarro de Castro
«Efectivamente, uno llevaba hacia el norte veinte toneladas de tomates, el otro transportaba hacia el sur otras veinte toneladas de tomates. Podrían haberse puesto de acuerdo, podrían haberse ahorrado el viaje, la noche en vela y los dolores de espalda. Claro que, de ese modo, se quedarían sin trabajo. Son tomates idénticos, con el mismo calibre y el mismo aspecto, con el mismo grado de maduración y el mismo sabor o la misma ausencia de sabor. Puede incluso que sean de la misma variedad, procedentes de las mismas semillas y hasta de invernaderos similares.»
Rafael Navarro de Castro
«Ni pájaros migratorios, ni brotes en los árboles, ni ranas croando en las charcas, ni flores en los campos. Bien pensado, la cosa es aún más simple porque no hay pájaros, ni árboles, ni ranas, ni charcas, ni campos. Flores sí que hay, todas las que quieras, pero se esconden debajo de los plásticos ajenas a las noticias y al baile de las estaciones.
En los invernaderos, las plantas florecen a principios del otoño y no dejan de hacerlo durante todo el año. Fuera de ellos no florece nada. Así que sabemos que estamos en primavera porque nos lo cuentan.»

